miércoles, 30 de junio de 2010


MARGARITA


(A mi ahijada Margarita)

En el cielo hay un jardín
del que se escapó una flor,
hecha de sol y de nubes
que parecen algodón.

Apenas un pimpollito
llegó para el carnaval,
agua clara de arroyito
nos trajo para brindar.

Es la niña más bonita
del campo y de la ciudad,
pétalo blanco de luna
que aleja la oscuridad.

Botoncito color ámbar
perlita de brisa y mar,
mi corazón se hace cofre
para poderte acunar.

martes, 27 de abril de 2010

NIÑO

Niño
Niño niño niño
niño, niño mío.
Todavía no sabes saltar
y apenas
unas palabras
esbozan tus labios, tu boca.
Niño.
Mío
ojos de lluvia,
pestañas de terciopelo.
Mío
voz de cántaro
de río.
Háblame
con tu alma
mi niño.

jueves, 14 de enero de 2010

A María Volonté

I
Duele ver a María, duele como los ojos que se llenan de sol y quedan ciegos ante la luz, acostumbrados a vagar por la mediocre oscuridad, duelen de pura belleza.
Duele ver a María, verla ajena, duele no ser María.
Duele María en el escenario, duele la cruel bondad de su contradicción, duele que sea natural el estudiado movimiento de su seducción.
Duele ver a María tanto como duele oírla, duele oírla cantar hasta por su brazo, mientras desgarra el aire con los huesos de sus manos, y lo cura con su voz.

II
¿Se engaña la vista ó es cierto que sus hombros son el blanco y negro del color?
Porque en ellos las luces y las sombras se recortan furiosas.
¿Se engaña el oído ó es cierto que en notas se torna el tórax ó en tórax se tornan notas?
Porque ese canto no es más que ella misma, que es también la música.
¿Se engaña el olfato ó es cierto que ahí están los jazmines en su pelo, que no es sino las mismas rosas?
Porque qué sino un jardín, puede albergar pensamientos.
¿Se engaña el tacto ó es cirto que cuando cantando un tango cierra el puño, en él no cabe ni el vacío?
Porque ni el aire se atreve.
¿Se engaña el gusto ó es cierto que están salados mis labios?
Porque reconocen en un instante el nombre indecible de los cinco sentídos en una sola sensación.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Lorenzo

Pavoroso
Privilegio
Pensar
Que pudieras necesitarme
Y que no pudiera estar.

Porque tu risa resuena y golpea las paredes de mi alma
y las derrumba y las desarma
y es tu misma risita la que las levanta
y las pinta con crayones y palotes y algo más.

Porque tus manos son tibias y se amoldan a mi cara
y me queman y me abrazan
y me curan con caricias, pegoteadas,
regordetas, siempre abiertas para dar.

Pavoroso
Privilegio
Pensar
Que pudieras necesitarme
Y que no pudiera estar.

Porque tus ojos se clavan y pinchan a mis palabras
Y tus cejas son dos arcos que disparan
Las flechas de tus miradas, encantadas
Intrigadas, curioseando y algo más.

Porque tu vida es mi vida y yo sin ella no existía,
No era, era nada, aunque yo no lo sabía,
Sentía que algo latía, juntito a mi corazón
¿Quién a quién le dio la vida? Eso me pregunto yo.

Pavoroso
Privilegio
Pensar
Que pudieras necesitarme
Y que no pudiera estar.

lunes, 29 de junio de 2009


Soy la que articula el pensamiento

que no te pienso; contar, ni aún con palabras.

Hay ciertos pensamientos para los que no existen palabras,

yo hago palabras que no existen para ellos,

y siguen sin existir.

Hago gestos y muecas para decirte

y mi cara deja de existir.

Hago abrazos para explicarte

y mis brazos se encuentran de vuelta en mi espalda

y no estás.

Canto para demostrarte lo que siento

y de mi boca sale un trapo,

un zapato y después.

Hago un baile, algo ridículo, ritual.

Grito y mi voz es minúscula

y mi vergüenza mayúsucula

Hago un poema, lo termino

y todavía no sé

qué te quiero decir.

Para Gino, a quién hubiera querido conocer...

Gastadas las suelas de tanto volar
los cordones de tu alma se desataron,
seis dulces huellas tu vida escoltaron
seis tristes ojos te miran zarpar.

Insostenible horma detiene tu andar
de este mundo verde tus pasos pasaron,
en cuanto en tu alma el talento notaron
te llaman, tu arte quieren contemplar.

No hay quién a las puertas no esté ya asomado,
para que le rindan celestes honores
Miguel los ejércitos ha organizado.

Ofrece su rostro Quien todo ha creado,
le tiende blanquísima mano la Madre
y el Niño sonríe al zapatero alado.